El joven que acaba la educación secundaria obligatoria choca con una duda con la que tenido que lidiar nuestros progenitores; ¿qué nos depara el futuro?
Probablemente por primera vez, los chicos eligen algo vital, que afectará a su futuro inmediato y lejano. Las disyuntivas son bastantes: empezar a trabajar, sacarse al bachillerato, cursar ciclos formativos de grado superior o formarse para poder ir a la universidad. Cada una de las alternativas es buena, pero todas precisan de una dedicación distinta y acarrean un estilo de vida muy alejado.
Con anterioridad deben tener en cuenta todas las ventajas e inconvenientes, estar informados de cuál es la situación económica de sus progenitores y qué es lo que más se adapta a ellos según sus gustos, inteligencia y y otras aptitudes. En determinadas ocasiones es muy complejo descubrir cómo es uno mismo, que es lo que le gusta o se le da bien, y si realmente sus aspiraciones responden a perspectivas asequibles con los años.
De todas formas, al final todos terminamos decidiendo. La gran mayoría sin presión externa y contentos con lo decidido; otros influenciados por sus padres y fastidiados. Además, hay personas que de arrepienten del camino tomado y creen que ya no pueden hacer nada al respecto. Lo cierto es que aunque es imposible volver a ser un adolescente hay cosas que se pueden volver a recuperar, si las circunstancias así lo permiten, desde estudiar un curso de especialización hasta un master mba.
En caso de tener un horario de 20 horas semanales o un puesto de trabajo flexible siempre cabe la posibilidad de realizar algún curso a través de la red, que nos permita formarnos en aquello que siempre hemos querido y que, por diversas circunstancias, no pudimos llevar a cabo años atrás. También hay quien tiene la posibilidad de pedir una excedencia y viajar a otro lugar para aprender un nuevo idioma.
Esta disposición también se puede aplicar a nuestra vida privada, pensando en el “nunca es tarde” y permitiéndonos volver a enamorarnos, realizar un curso de aeróbic o todas aquellas cosas que nos gustan.
Probablemente por primera vez, los chicos eligen algo vital, que afectará a su futuro inmediato y lejano. Las disyuntivas son bastantes: empezar a trabajar, sacarse al bachillerato, cursar ciclos formativos de grado superior o formarse para poder ir a la universidad. Cada una de las alternativas es buena, pero todas precisan de una dedicación distinta y acarrean un estilo de vida muy alejado.
Con anterioridad deben tener en cuenta todas las ventajas e inconvenientes, estar informados de cuál es la situación económica de sus progenitores y qué es lo que más se adapta a ellos según sus gustos, inteligencia y y otras aptitudes. En determinadas ocasiones es muy complejo descubrir cómo es uno mismo, que es lo que le gusta o se le da bien, y si realmente sus aspiraciones responden a perspectivas asequibles con los años.
De todas formas, al final todos terminamos decidiendo. La gran mayoría sin presión externa y contentos con lo decidido; otros influenciados por sus padres y fastidiados. Además, hay personas que de arrepienten del camino tomado y creen que ya no pueden hacer nada al respecto. Lo cierto es que aunque es imposible volver a ser un adolescente hay cosas que se pueden volver a recuperar, si las circunstancias así lo permiten, desde estudiar un curso de especialización hasta un master mba.
En caso de tener un horario de 20 horas semanales o un puesto de trabajo flexible siempre cabe la posibilidad de realizar algún curso a través de la red, que nos permita formarnos en aquello que siempre hemos querido y que, por diversas circunstancias, no pudimos llevar a cabo años atrás. También hay quien tiene la posibilidad de pedir una excedencia y viajar a otro lugar para aprender un nuevo idioma.
Esta disposición también se puede aplicar a nuestra vida privada, pensando en el “nunca es tarde” y permitiéndonos volver a enamorarnos, realizar un curso de aeróbic o todas aquellas cosas que nos gustan.
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